Claridad antes que novedad
No corremos detrás de cada lanzamiento. Si una herramienta no resuelve un problema real de flujo de trabajo, no entra en la guía.
Tech Matcha nació en una mesa compartida del barrio de Malasaña, entre capturas de pantalla y cafés que se enfriaban. Escribimos para quien trabaja con herramientas digitales todos los días: diseñadores, ilustradores, editores de vídeo, fotógrafos y pequeños estudios que necesitan decidir rápido y bien.
No hacemos reseñas para compradores impulsivos ni comparativas con medallas. Nuestro lector tipo tiene un proyecto abierto, un plazo encima y dudas concretas: si merece la pena migrar un archivo, cómo automatizar recordatorios de facturación o qué formato de tablero aguanta un equipo de cuatro personas. Escribimos para ese momento, no para el escaparate.
El tono es directo y sin jerga innecesaria. Explicamos lo que probamos, lo que falla y en qué circunstancias conviene otra cosa. Cuando una herramienta no encaja, lo decimos.
Cada guía parte de un flujo real: probamos la herramienta durante semanas, anotamos los atascos y publicamos solo cuando el proceso se sostiene sin nosotros delante.
No publicamos rankings ni listas de "las mejores". Tampoco aceptamos contenido patrocinado disfrazado de análisis. Si algo cambia en una herramienta, actualizamos la guía y lo indicamos con fecha.
Trabajamos desde Madrid, en Calle Fuencarral 78, CP 28004. Puedes escribirnos a hola@techmatcha.com o llamarnos al +34 910 472 635.
Nuestra misión
Tech Matcha nació en Madrid con una idea sencilla: quien trabaja creando —diseño, ilustración, vídeo, fotografía, redacción— no necesita más titulares, necesita criterio. Publicamos reseñas y guías sobre herramientas digitales pensadas para ese trabajo diario, con el detalle suficiente para decidir sin perder una tarde entera probando.
No corremos detrás de cada lanzamiento. Si una herramienta no resuelve un problema real de flujo de trabajo, no entra en la guía.
Preferimos describir en qué contexto encaja cada opción y qué se pierde al elegirla, en lugar de coronar un ganador absoluto.
Escribimos pensando en equipos de dos a diez personas, con presupuesto ajustado y proyectos que se solapan. Ese es el terreno que conocemos.
La automatización sirve cuando libera tiempo de criterio, no cuando esconde errores. Lo contamos con sus límites y sus revisiones manuales.
Que puedas cerrar una pestaña sabiendo si una herramienta encaja en tu forma de trabajar, cuánto tiempo vas a invertir en montarla y qué parte del proceso conviene seguir haciendo a mano. Ese es el efecto que buscamos en cada texto que publicamos.
Tech Matcha empezó como un cuaderno de notas sobre herramientas digitales que no encontrábamos explicadas en ningún sitio. Hoy es una publicación de Madrid que revisa software creativo con la misma calma con la que se prepara un té: sin prisa, sin ruido y sin rankings de por medio.
Tres personas con perfiles distintos —diseño, redacción y desarrollo— empezamos a probar herramientas de gestión de proyectos para estudios pequeños. Las primeras guías se escribieron a mano y se compartieron por correo entre colegas. La idea era sencilla: contar lo que funcionaba y lo que no, sin patrocinios ni listas ordenadas.
Recopilamos decenas de procesos reales: cómo se factura por proyecto, cómo se versiona un archivo de vídeo, cómo se organiza un calendario editorial. Ese archivo se convirtió en la sección de Guías y en el eje de todo lo que publicamos después. Dejamos de hablar de herramientas sueltas y empezamos a hablar de cómo se encajan entre ellas.
Decidimos no publicar rankings. En su lugar, comparamos formatos y contextos: cuándo una lista simple basta, cuándo un tablero aporta claridad y cuándo un calendario evita perder fechas. Esa decisión editorial nos trajo lectores que buscaban criterio, no una recomendación rápida. También nos obligó a documentar mejor cada prueba.
El equipo se asentó en un local de Calle Fuencarral 78, en Madrid. Allí conviven la redacción, las pruebas de herramientas y las sesiones de grabación. Mantenemos una política clara de privacidad y términos, y publicamos con la misma estructura desde el principio: contexto, prueba, límites y siguiente paso.
Tech Matcha no publica reseñas aisladas. Detrás de cada guía hay estudios, escuelas y colectivos de Madrid que nos abren su forma de trabajar para que podamos explicarla con criterio. Estas son algunas de las colaboraciones que sostienen la parte práctica del medio.
Estudio Rúbrica
Diseño editorial, Malasaña
Nos dejaron documentar su circuito de corrección de maquetas. De ahí salió la guía sobre versiones y nombres de archivo que publicamos en marzo.
Colectivo Trazo Corto
Ilustración y animación
Trabajan con encargos simultáneos y nos explicaron cómo reparten prioridades sin tableros complejos. Su caso aparece en la comparativa de formatos de organización.
Aula Abierta Fuencarral
Formación en oficios digitales
Colaboramos en sesiones sobre herramientas de creación para alumnado que empieza. Revisamos materiales antes de publicarlos para que el lenguaje no dé por sabido nada.
Taller Norte Fotografía
Producción y archivo
Nos abrieron su sistema de entrega a clientes. Fue el punto de partida para hablar de automatización de facturación sin perder revisión manual.
Oficina Sonora
Audio para vídeo y pódcast
Su equipo revisa nuestras pruebas de herramientas de edición antes de que salgan publicadas. Aportan la parte incómoda: qué falla cuando el proyecto crece.
Biblioteca La Paloma
Espacio de consulta, Chamberí
Cedieron su sala para las sesiones abiertas sobre productividad y archivo. Muchas de las preguntas que recogemos allí acaban convertidas en guías.
Ninguna de estas entidades paga por aparecer. Cuando una herramienta se menciona en una guía, se debe a que la usamos o la hemos probado en un contexto real de trabajo.